Bodrio: m. Caldo con algunas sobras de sopa, mendrugos, verduras y legumbres que de ordinario se daba a los pobres en las porterías de algunos conventos. Fíjense que no es casual que ésta y no otra palabra haya sido utilizada últimamente por el conservadurismo más rancio y retrógrado en Navarra para referirse a la nueva ley del aborto. No es accidental que este término salga a la palestra, porque a veces el subconsciente casi sin querer retrata, con una claridad pasmosa, a la recua reaccionaria que trata de aniquilar los derechos humanos de las mujeres en nuestra tierra.
Tomando este vocablo y escarbando un poco, vemos que todavía está presente en gran parte de la gente que nos gobierna la idea de beneficencia frente a la de justicia social, de cochambroso pietismo frente a la libertad de conciencia, de privilegio de clase y género frente a la de búsqueda de la equidad, de desprecio por el que piensa diferente o está en una situación de desigualdad (véase el video de S.O.S. Racismo) frente a la solidaridad y al respeto de los derechos de ciudadanía y así podríamos seguir en un largo listado. Porque desengáñense, aquí no se trata de proteger fueros de ilustre abolengo, sino de conculcar derechos de las mujeres por unos principios morales obsoletos que no son compartidos por la mayoría de la sociedad navarra. Eso sí, esa moralidad es defendida por un poder religioso fundamentalista aposentado en nuestra comunidad con unos finos pero implacables hilos que manejan política, economía y educación. Y digo bien educación porque lo de la coeducación les suena a algo demasiado progresista que amenaza un androcentrismo, el suyo, propugnado y propiciado a machamartillo.
La ciudadanía navarra tiene que saber que con el recurso de inconstitucionalidad por el tema del aborto somos el hazmereír de Europa. Que fuera de nuestras fronteras no se comprende tanta caspa foral. Que en Andalucía, Aragón o Asturias nos miran como si fuéramos un redil aborregado, mientras se justifica por no-sé-qué mandanga de argumentos a favor del autogobierno, lo que es una imposición moral auspiciada por la Iglesia más carca, que atenta en la línea de flotación los derechos humanos de la mitad de la ciudadanía navarra.
¿Alguien puede comprender que una guipuzcoana que toma la condición foral navarra por residencia, en su ciudad natal pueda abortar y aquí no? ¿A que nos van a abocar? ¿A que nos empadronemos en Bilbao para poder hacer uso de un derecho incuestionable en el resto del Estado? ¡Basta ya, hombre! ¡Basta ya de tanto machismo soterrado y tanto franquismo de retrete venido a más! Yo pido desde estas líneas la solidaridad con las navarras del resto de mujeres del Estado. ¿Acaso los responsables políticos no son conscientes del grave peligro que suponen los desplazamientos para la vida de las mujeres navarras que quieren abortar teniendo derecho a ello?
Aquí durante décadas, trabajadoras sociales y otras profesionales que trabajamos con mujeres nos hemos encontrado casos espeluznantes. Casos de mujeres menores de edad, con enfermedades degenerativas, violadas, con malformaciones del feto incompatibles con la vida que han tenido que salir de nuestra región como fugitivas. Familias enteras escondiéndose como delincuentes para acompañar a una hija o a una esposa o a una hermana a Zaragoza o Madrid, cayéndoseles la cara de vergüenza cuando explicaban en los hospitales del resto de España, que en Navarra no podían interrumpir el embarazo de alto riesgo por el que la vida de su ser querida corría peligro extremo. En Navarra la objeción de conciencia de los/as profesionales sanitarios está más que protegida, las que no estamos protegidas somos las navarras ante la insumisión a la ley por parte de los que defienden posturas intransigentes.
Por otro lado, me pregunto a qué clase de pantomima estamos asistiendo las navarras cuando se va a cambiar la ley foral de salud, para asegurar un derecho que nos corresponde desde hace décadas, ya con la antigua ley del aborto, y más garantizado ahora con la nueva, y una llamada, o un despiste o vaya usted a saber lo qué, es más importante y merece más atención por parte de distintos parlamentarios que votar para poner en su sitio a tanta intolerancia que hace caso omiso al reclamo de sus ciudadanas.
Por si tuviéramos poco con la manu militari desplegada con total desparpajo contra las mujeres y revestida con el manto de la foralidad, ahora lo que nos faltaba ya sería encontrarnos con la desidia horrendum est.
Un poco de seriedad señores/as políticos/as que aquí nos estamos jugando mucho la mitad de la población navarra en edad fértil (esto de la fertilidad es importante porque creo que a alguien esto de pisotear los derechos de las féminas le puede venir de una sequedad más propia de la mojama que se sirve con porra antequerana que de otra cosa) y se empieza por impedirnos durante décadas el ejercer nuestro derecho al aborto y se termina por lapidar con bendición urbi et orbi a quien inserte un anuncio en prensa ofertando sus dotes amatorias porque no llega a fin de mes por culpa del tijeretazo.
Fátima Frutos
Poetisa y Ciudadana.


