El ático

Triste est omne post coitum, præter mulierum gallumque.
 
Galeno de Pérgamo
 
 
 
Bajo la inclinada ternura de esta caverna en el cielo de Gran Vía,
donde te doy mi cuerpo envuelto en las muchas tierras que nunca pisé.
Tan silencioso y tan exánime tu rostro; quedo, vencido,
arrebujado entre horas nacientes, tras las que tres veces me negarás,
yo busco aún los despojos de aquella furia cálida e inextinguible
que antaño no reparaba en las vilezas del mundo.
 
Porque múltiple y lenta es la forma de la muerte lúbrica,
quisiera antes borrar por un instante la condena a serte infiel,
desterrar este ansia imparable de Fedra nueva, perversa,
que mece arrayán en los ocultos pliegues de su piel hambrienta.
 
Y si el insólito gallo _que juro_ habita las azoteas de Madrid
no golpea las pausas de tu sueño y marcho penitente, desarmada,
acúsame en tus poemas de haberte deseado vivamente,
de rozar la demencia entre el goce y el desatino.
Distíngueme en tus versos como la Dafne rebelde,
que teniendo a donde huir, siguió cantando su vida
para que obtuvieras laureles con los que cubrirte.
O admite, si crees que así se resarce la verdad,
que más que amantes atronando nocturnidad y alevosía,
hemos sido esos insospechados desconocidos,
merodeando, el uno por el cortejo sagrado del éxito,
y la otra, por la agria gangrena de un amor en ruinas.
 
 
 
 
 
Share this